Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de octubre de 2012

Comenzamos el Año de la Fe

Queridos amigos;

Creo que es importante pararnos unos minutos a valorar la trascendencia del día de hoy para los que nos sentimos llamados a contruir Reino y ser testigos del Dios encarnado en Jesús de Nazaret.

Hoy 11 de octubre celebra la Iglesia la festividad de Juan XXIII, el Papa bueno que soñó con una Iglesia más encarnada en el mundo de hoy, siempre de la mano de la experiencia de lo vivido por nuestra enorme familia de fe. Fue el Papa padre y artífice del Concilio Vaticano II de cuya solemne apertura hace hoy 50 años. Aquel día Juan XXIII pronunció un discurso, "Gaudet Mater Ecclesia" muy optimista, cargado de ilusiones y cuyo contenido hablaba de un depósito de la fe que era inalterable, pero cuya trasmisión debia ir de la mano de los tiempo; era pues momento de se preguntarse cómo debeía expresarse la Verdad contenida en la persona de Cristo.

En el contexto de estas dos celebraciones, el Papa Benedicto XVI ha inaugurado hoy desde la Plaza de S. Pedro el Año de la Fe. En palabras de Benedicto XVI el Año de la Fe "es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo" (Porta Fidei, 6). Y tras esta presentación inicial, de la lectura de la Carta que convoca el año, la "Porta Fidei" y las intervenciones del Papa se puede sacar mucho más.

El Año de la fe que hoy comenzamos es una año para REPENSAR nuestro modo de estar en el mundo como cristianos; es un tiempo para PROFUNDIZAR en nuestras raíces de fe más cotidianas para mejor conocernos; es tiempo de ser CREATIVOS en nuevas formas de hacer llegar a Dios a la gente, de INNOVAR y LANZARNOS con renovada ilusión a hablar de Dios. Es tiempo de ser SAL con coherencia pero, quizás, es momento de ser un poco más de LUZ. Tiempo de COMPROMISO y sobre todo tiempo de EVANGELIO ENCARNADO. Es tiempo para SALIR fuera y llevar el anunio cotidiano de Dios más allá de nuestras Iglesias, centros de espiritualidad, y obras religiosas dónde nos sentimos cómodos y seguros. Y en el contexto de crisis de valores y económica que ahora vivimos es tambien tiempo de DAR LA CARA.

Tengo muy muy claro que este Año de la Fe es tiempo de OPORTUNIDADES.

Y es que cuánto más se conoce a Jesús, más se siente uno atraido por su mensaje, más se deja tocar por Dios y más se enamora. Y cuando más amor hay, más seguimiento nace. Dar a conocer a Dios para mejor amarle y mejor seguir, una frase muy ignaciana.

Mucha gente no leerá nunca el Evangelio, sin embargo muchos de ellos comparten día con nosotros, leyendo y participando de nuestra vida. Es toda una oportunidad para reflexionar de manera individual y como Iglesia, como ser Evangelio encarnado, ser coherentes con lo que creemos y verbalizar nuestra fe. Mucha gente no leerá otro Evangelio más que nuestra propia vida y eso es todo un regalo y toda una responsabilidad.

Sin más me despido animando a participar de este Año. Como Iglesia surgiran muchas iniciativas y quizás a nivel parroquial, de grupos o individual es bueno que nso dejemos llevar por el Espíritu y, amen de participar de muchas de las ya convocadas, surjan entre nosotros nuevos modos para llegar al hermano y hablarle del Dios que nos llena de VIDA en mayúsculas.

Que mejor forma que terminar que encomendar este deseo al Señor de la mano del bueno de Juan XXIII

Un fuerte abrazo y Feliz Año de la Fe

lunes, 25 de julio de 2011

¡Santiago y cierra, España!

La solemnidad del apóstol Santiago, el 25 de julio, es fiesta grande para la Iglesia, en tanto nos invita a celebrar la memoria de un discípulo, esto es, a volver la mirada sobre uno que nos precedió en el seguimiento de Jesús de Nazareth.

Los Evangelios recurren a menudo a la compañía de Santiago el Mayor con Jesús, que junto con su hermano Juan y Pedro, son los discípulos más mencionados por los evangelistas en sus relatos. De este modo, de su lectura podemos visualizar el momento de su llamada mientras pescaba junto con Juan y su padre Zebedeo en el lago de Genesaret (Mc 19-20); ese afan de gloria de querer ser más que el resto al buscar una asiento cerca de su Señor (Mt 20, 20-28); el ser testigo privilegiado en las obras de Jesús, por ejemplo en el milagro de la hija de Jairo (Mc 5, 21-43), en el momento de la Transfiguración en el Monte Tabor (Mt 17, 1-6) o la oración en el monte de los Olivos (Mc 14, 33-42), en la que, no debemos olvidar, se queda dormido a pesar de que su amigo, su Señor, le pide que guarde con Él la vigilia; e incluso ese ejercicio de rabia y soberbia cuando no fueron bien acogidos por los samaritanos y el impetuoso Santiago, junto a Juan, les deseaa una lluvia de fuego (Lc 9,51-16), antes de ser reprendidos por Jesús.

Tal vez el encuentro con la figura del apóstol Santiago en el día de su fiesta, nos ayude a encontrar paralelismos entre su vida, y el recorriedo propio de cada uno de nosotros; un momento de llamada, en el que el Señor nos busca y nos convoca por nuestro nombre; momentos de seguimiento y búsqueda; de soberbia, debilidad y fragilidad manifiesta que nos hace no velar ni acompañar al Dios de la Vida cuando él nos lo pide... todo ello sin olvidar como, tras la muerte de Jesús en la cruz y el encuentro personal con el resucitado que sale al encuentro de los apóstoles, toca el anuncio. El anuncio de aquel que, como Santigo, vió, escuchó, sintió y sobre todo luego, predicó y compartió.


Su entrega a extender la buena nueva le cuesta la vida misma, al sufrir el martirio por orden de Herodes Agripa en tierra de Jerusalén.


La senda de la vida del apóstol Santiago es maravillosa si somos capaces de proyectar en nuestra propia historia los momentos de encuentro, confianza, fragilidad, perdón y entrega al Evangelio que el propio apóstol experimenta, tal y como sucede en la vida de todo aquel que desea entregarse a la construcción del Reino.



Así mismo, a Santiago el mayor atribuye la tradición católica la evangelización de Hispania, otorgándole el patrocinio de España. Es en ese contexto de protector del suelo hispano en que se construye la frase que reza el título de estas líneas: "Santiago y cierra,España".

La frase en cuestión recoge un grito de guerra que, cuentan, fue usado por primera vez en la Batalla de las Navas de Tolosa, batalla que según la historia se sucede el 16 de julio de 1212, en el contexto de la Reconquista y cuya victoria por parte de las tropas cristianas permitió la extensión de los reinos cristianos sobre el sur peninsular. La frase recoge tres mensajes: por un lado invocar al apóstol Santiago para su protección en la batalla, por otro hace referencia al término cerrar, que en lenguaje militar viene a significar trabar combate, acometer... y por último, tras la coma (es fundamental situarla para darle a la frase su correcto significado) un llamamiento a España, haciendo referencia al destinatario de la orden, esto es, a las tropas españolas.

Es pues la festividad de Santiago apóstol, patrón de España, momento para, por un lado dejarnos reflectir por la vida del apóstol, viendo en su seguimiento una historia de fe y de vida muy similar a la que cualquiera de nosotros podamos tener. Por otro lado, tiempo de llevar en la oración las necesidades de nuestro país, de todos aquellos que conviven con nosotros y es así,con una oración de plegaria con que querría terminar estas líneas.



Santiago apóstol, patrón de España,
amigo, discípulo y seguidor de Jesús.

Acoge nuestra oración y ten presente las necesidades del pueblo español.


Pueblo con rostros que sufren por una crisis que ahoga; rostros de inmigrantes y refugiados que buscan entre nosotros posada; rostros de abuelos que sufren la soledad, de enfermos que no encuentran sentido a nada, de padres y madres que pierden a sus hijos e hijos que pierden a sus padres; rostros de una Iglesia peregrina a veces más lejos, a veces más cerca del sufriente y del Evangelio


Acompaña sus intenciones y acompaña especialmente las de esos jóvenes que van a participar en breve de la Jornada Mundial de la Juventud, para que vivan esos días con verdadero sentido de encuentro con Dios, que les queme por dentro de tal forma que luego salgan a los caminos a COMPARTIR y ser TESTIMONIO de esa Buena Nueva.


Intercede por todos nosotros, Santiago Apóstol, para que bajo tu patrocinio iluminemos nuestra fe, fortalezcamos nuestra esperanza y nos entreguemos al amor. No dejes de mirar por nosotros para que seamos testigos de nuestra esperanza como tú lo fuiste, y para que España sea siempre terra de María, tierra de un sí comprometido entregada a la voluntad de un solo Señor.


De esta forma, que este grito que ayer era de guerra contenga hoy nuestra sincera oración, en la que pedimos tu amparo para que nos des la fuerza para poner el corazón en juego, enfrentandonos a la sinrazón, la injusticia, la mentira, el odio y la miseria.


Por ello tiene sentido que concluyamos diciendo

"Santiago y cierra, España"


AMÉN

martes, 24 de mayo de 2011

Madonna della Strada


Hoy celebra la Iglesia, y en particular la Compañía de Jesús, la Fiesta de Nuestra Señora de la Estrada. Bajo esta advocación se venera en la iglesia del Gesù de Roma un célebre cuadro de la Santísima Virgen, que ya recibía culto en una capillita junto al camino al pie del Capitolio. A esta imagen San Ignacio de Loyola y sus primeros compañeros profesaban gran devoción. El Papa Pablo III concedió a la Compañía de Jesús en 1541 el uso de la iglesia, antes mencionada, la primera de la Orden en Roma.


"María, a la que veneramos bajo la advocación de Señora de la Strada, nos guíe en el camino y sea para nosotros maestra en el cantar las grandes obras que continuamente realizas por nosotros. La Virgen Santa sostenga nuestra obediencia, nos confirme en la humildad, extienda nuestros corazones al mayor bien de las almas, y dé vigor a la oración que unos por otros elevamos con alegría a ti.

Que implore de tu bondad, como Madre cuidadosa, la plenitud de tu bendición el don del Espíritu de paz ya que solo en ti confiamos, solo en ti esperamos, solo en ti resplandecemos de caridad evangélica. De nuevo, Señor, te ofrecemos toda nuestra libertad, volviéndote a entregar lo que tú nos has regalado y que reconocemos como tuyo, para que tú dispongas de ello según tu voluntad: danos tu amor y tu gracia que ésta nos basta. "

viernes, 3 de diciembre de 2010

San Francisco Javier, semilla que sigue dando fruto

Nunca imaginó Francisco Javier que el compartir habitación, en aquel París universitario de 1529, con aquel vasco ya adulto para las letras y arrastrado en su andar, acabaría cambiándole la vida de tal forma que la dedicaría, hasta agotarla, en servir al Dios de la Vida predicando su Buena Nueva en rincones del Mundo cuya existencia seguramente desconocía.

El encuentro con Ignacio de Loyola y esa pregunta que poco a poco fue erosionando la coraza humana del joven navarro – “Francisco, ¿de qué te vale ganar todo el Mundo si con ello pierdes tu alma?”- acabaron por poner a Francisco en las manos de Dios, dejándose contagiar por el mensaje de su Evangelio y enamorándose perdidamente de él. Sin saber donde le llevaría, acompañó a Ignacio de Loyola en ese proyecto que el Señor fue poco a poco gestando en su camino, y junto a él y otros seis compañeros más, consagró su vida a Dios en el seno de una pequeña ilusión, de un pequeño “capricho” que acabó por convertirse en una orden religiosa clave para la historia de la Iglesia Católica y de la humanidad desde entonces: la Compañía de Jesús.

La Providencia quiso que Francisco Javier se embarcara rumbo a las Indias en 1541, desafiando distancias que hoy nos parecerían largas, pero salvables con cierta normalidad, pero que en pleno siglo XVI suponían casi la renuncia a todo lo anteriormente vivido, amen de una prueba de vida que muchos no llegaban a superar

A partir de ese momento su único enlace con sus compañeros europeos serán sus cartas, 137 misivas que retratan a un hombre cuyo celo apostólico asemejaba a un fuego interior que ardía en su pecho, queriendo compartir la experiencia del Dios de Jesús. Dios vivo y misericordioso que le había inundado a él años antes. Su servicio al pie de los enfermos, sus catequesis en plena calle, su austeridad en el vivir, sus cientos de miles de kilómetros recorridos sin otro ánimo que dar a conocer a Dios configuraron su vida. Una vida cuyo eje fundamental podría resumirse en una frase que él mismo repetía incesantemente: “Señor, aquí estoy ¿qué quieres que yo haga? Envíame donde tú quieras.”

Finalmente, a los 46 años moría en una playa frente a las costas de China, que a pesar de intentar no puedo alcanzar. Fue canonizado por Gregorio en 1622, junto con su amigo y maestro, San Ignacio de Loyola y hoy, tres de diciembre, celebra la Iglesia su festividad.

Y también hoy mi oración sube al Cielo como acción de gracias, por todo ello. Por la vida y el ejemplo de todos aquellos que, estando o no, en los altares de la Iglesia, consumieron su vida al servicio de Dios y sus hermanos. Por esa “locura divina” que supuso la Compañía de Jesús, un proyecto de amigos en el Señor al servicio del Evangelio que, en el seno de la Iglesia, trabaja por la construcción del Reino de Dios en todas las realidades cotidianas que nos rodean, con especial encargo de esas fronteras donde otros no quieren o no pueden estar. Y especialmente por S. Francisco Javier, ese gigante de la historia, que fue germen de la Fe que hoy profeso, y cuyo testimonio de entrega al servicio de Dios sigue dando fruto en todo aquel que al conocer su historia, sus renuncias, su conversión y su pasión por el Evangelio, se entusiasma con él. Se ent usiasma con una vida en la que, sea cual sea y este donde este, vaya guiada por Dios, por ese Dios de la Vida que inspira un vivir donde siempre se busca en todo Amar y Servir.


martes, 23 de noviembre de 2010

Testigo de nuestra esperanza, mártir por nuestra fe

Seguramente poca gente haya oído hablar alguna vez de Miguel Agustín Pro. Este desconocido nombre encarna la sinrazón de uno de los episodios más trágicos para la Iglesia Católica contemporánea, así como una de las páginas más negras de la historia de México.

Sacerdote jesuita, el conocido como padre Pro fue asesinado el 23 de noviembre de 1927 en Ciudad de México, ante un pelotón de fusilamiento formado por militares, sin juicio previo alguno, sin garantía legal ni derecho a defensa. Fusilado frente a decenas de periodistas y cámaras fotográficas de época que buscaban recoger la sangrienta advertencia que el presidente mexicano, Plutarco Elías Calles, pretendía hacer llegar a la Iglesia mexicana, a la Santa Sede y al Mundo.

El contexto donde situar este asesinato es complicado e imposible de pretender sintetizar en pocas líneas: años de de revolución, de justicia social, años de mano dura militar, de persecución religiosa, años re ruptura entre Iglesia y Estado, de miedo y de prohibiciones, años de enfrentamiento y de “vivas” a Cristo Rey… No seria justo pretender situar el contexto de todo ello de una manera tan simple y seguramente tan sesgada. Ni me atrevo, ni quiero.

Sin embargo sí me parece de justicia recuperar la memoria del Padre Miguel Agustín Pro, o simplemente el Padre Pro. Este nombre representa a tantos laicos, religiosos y diocesanos que murieron durante los años de enfrentamiento en la llamada Guerra Cristera; que fueron víctimas de juicios sumarísimos, si acaso; hombres y mujeres asesinados por representar y defender una opción religiosa concreta, por sentirse hijos de Dios y miembros de una Iglesia universal, Católica, que tiene de pecadora lo humano, y de santa el espíritu de Dios que la impulsa y alienta.

El Padre Pro fue acusado por un crimen que hoy se sabe que no cometió y que por entonces ni siquiera se probó. Su muerte buscaba ser un escarmiento para todos aquellos que sentían y denunciaban que la fe no puede reducirse a la esfera de lo privado, que debe propagarse y compartirse, que los sacramentos son expresión viva de Dios y que la Iglesia, como garante de ello, no debe cejar en el empeño de trasmitirlos. La sinrazón del odio hacia la fe ha sido causa de grandes persecuciones a lo largo y ancho del planeta, salpicando la historia de la humanidad, antes y también hoy.

Mientras escribo estas líneas en recuerdo del padre Pro me vienen a la cabeza dos situaciones que creo van de la mano al recordar al mencionado jesuita.

Una de ellas es la presentación del Informe sobre Libertad Religiosa en el Mundo de 2010, informe bienal que elabora la institución católica Ayuda a la Iglesia Necesitada. El resumen de ese informe es realmente estremecedor: cerca de 350 millones de personas en el mundo son perseguidas por su fe. Países como Bangladesh, China, Egipto, Eritrea, India, Indonesia, Pakistán, Sudán, Uzbekistán o Irak son algunos en los que se producen más episodios de intolerancia social o legal contra la libertad religiosa. Y dentro de ellos, el 75% de esas persecuciones van dirigidas contra comunidades cristianas en todo el mundo. Así mismo el informe también reconoce una creciente escalada de cristianofobia en los países más desarrollados. Aún hoy siguen resonando las palabras del Papa cuando llegaba a Santiago hace apenas dos semanas en las que recogía que “en España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un laicismo fuerte y agresivo, como lo vimos precisamente en los años treinta, y esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, se realiza hoy nuevamente en España”. No voy a entrar a valorar estas palabras, evidentemente no existe una persecución a cuchillo y fúsil, caer en ese victimísmo sería no solo demagógico, sino una ofensa contra aquellos que sufrieron en sus carnes las persecución religiosa de aquellos años en nuestro país. Sin embargo estoy convencido que las palabras de Benedicto XVI son fruto de una profunda reflexión. No están pronunciadas a la ligera y mucho menos sin pretender algo. Ahora toca la reflexión personal, sobre esto y sobre todo lo arriba mencionado acerca de la falta de libertad en muchos rincones del mundo por profesar una religión determinada.

Por otro lado la festividad del Padre Pro viene siempre muy cerca de la conclusión del tiempo ordinario para los católicos y por ende, muy cerca de la celebración de una de las fiestas con más significado dentro de la liturgia de nuestra Iglesia: la festividad de Jesucristo Rey del Universo. La festividad de Cristo Rey.

Viva Cristo Rey fue precisamente la proclama, y de algún modo la oración, que el joven jesuita pronunció justo antes de que los soldados disparasen contra su pecho.

La fiesta de Cristo Rey nos hace caer en la cuenta del Rey al que queremos servir los cristianos. Aquel con el que hemos sellado un compromiso de fidelidad, ese rey que es nuestro Dios y cuyo trono no es otro que un madero de dos piezas: una que mira a la tierra y es muestra del compromiso y de la implicación del Dios de la Vida con la humanidad; y otro que apunta al Cielo y que nos ayuda a no olvidarnos de nuestra vocación de santidad, de nuestra vocación de ser felices aquí, pero a la vera de un Dios que acompaña y guía. El trono de nuestro Rey, ese madero que nace con vocación de muerte y es finalmente actor de Vida, ese madero es símbolo de entrega y servicio, amor sin reservas y denuncia de la injusticia, es también debilidad humana y Gracia divina, acogida y esfuerzo, signo de resurrección y perdón. Jesucristo, Rey de Reyes, servidor y hombre, hermano y amigo, colgado del madero representa a un Dios que no se olvida de los crucificados de este mundo. Y yo, gracias a la cruz, tampoco.

Estas líneas son un recuerdo para todos aquellos mártires anónimos de ayer y de hoy que no temieron a la muerte por defender su fe; son un recuerdo para todos aquellos que vivieron y viven perseguidos por dar testimonio de su fe, para esos que dieron y dan testimonio de que Cristo es el único rey Eternal al que servir y trabajan y queman su vida por ese Reino que sueña el Evangelio; unas líneas por aquellos que mantienen la esperanza, esperan en el amor y se mantienen firmes en la fe del Dios de la Vida.

Un recuerdo y una acción de gracias por todos ellos y ellas, que hoy, 23 de noviembre, encarna un jesuita mexicano que cayó victima de odio fratricida orando y perdonando, un sacerdote enamorado de Dios, un cristiano comprometido con sus hermanos, fiel testimonio de entrega y servicio hasta derramar su sangre por ello.

Quisiera terminar estas líneas con parte de la Primera lectura propia de la festividad del Padre Pro que la Compañía de Jesús hoy celebra, y que son palabras de aliento y ánimo que San Pablo dirigió en su momento a sus hermanos, y que también hoy dirige a muchos que sufren por causa de su pasión por el Evangelio. Mi oración y mi acción de gracias por todos ellos.

(...) Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra? El que no reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a regalar todo lo demás con él? ¿Quién será fiscal de los que Dios eligió? Si Dios absuelve, ¿quién condenará? ¿Será acaso el Mesías Jesús, el que murió y después resucitó y está a la diestra de Dios y suplica por nosotros? ¿Quién nos apartará del amor de Dios? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada? (… ) En todas esas circunstancias vencemos de sobra gracias al que nos amó. Estoy persuadido de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni potestades, ni presente ni futuro, ni poderes ni altura ni hondura, ni criatura alguna nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Jesús Señor nuestro. (Rm 8, 31-39)

miércoles, 16 de junio de 2010

Un vía crucis a disfrutar

La Jornada Mundial de la Juventud, que el verano de 2011 acogerá en Madrid a cientos de miles de jóvenes llegados de todos los rincones del mundo será, sin duda alguna, jornada de fe. Días de encuentro con el Santo Padre, de convivencia y de mucha oración, unos días por y para Dios, con los jóvenes y también los no tan jóvenes.

Podría escribir muchas líneas acerca de lo que creo significan estos encuentros, del mucho bien que hacen a los jóvenes, del mucho bien que hacen a nuestra Iglesia, o del sentido que dan al término católico -esto es, universal - y es que realmente estoy convencido de que estos encuentros dan fruto. Con sus miserias y sus mezquindades, como todo lo que los hombres y mujeres de este mundo organizamos, pero sin duda con más claros que sombras.

Pero poco más voy a escribir, el que quiera disfrutarlo que acuda con buen ánimo, ganas de oración y encuentro, con gente de diversas lenguas y culturas, pero sobre todo, que acudan con ganas de encontrarse con el Dios de la Vida en medio de todos.

Siendo así no termino de entender lo que ha pasado estos días en Sevilla.

Que Sevilla vive su fe de una forma muy particular, cierto es. Que aqui hay muchas cosas que fuera se este contexto resultarian difíciles de entender, seguro. Que en la diversidad esta la riqueza de esta, nuestra Iglesia universal, totalmente convencido. Pero sigo sin entender qué ha pasado.

Monseñor Asenjo, arzobispo de Sevilla, tiene toda la razón del mundo:“la fecha del pasado viernes no va a pasar a la historia de esta hermandad como una fecha brillante”. Y es que este pasado viernes, la Hermandad de la Esperanza de Triana rechazó, por abrumadora mayoria, que el Cristo de las Tres Caídas participase en el histórico Via Crucis que será presidido por el Papa en el JMJ. Motivos personales alegaron. La cuestión es que no apoyaron a la organización del JMJ, que dieron la espalda a una invitación de aquellos que estan poniendo su empeño en que esos días en Madrid sean días de Iglesia universal, que no han querido participar de un proyecto que reunirá grandes imagénes de nuestra cultura de fe, con una finalidad de culto pública que será presidida por el Papa. Motivos personales...

No quiero entrar a generalizar porque no sería justo. Pero es cierto que en el mundo cofrade de Sevilla es mu particular y tal vez, esa falta de eclesialidad de la que habló el arzobispo, es algo a valorar O tal vez se equivoca, no sé. Lo que si sé es que las Hermandades y Cofradías son Iglesia, su misión es trasladar el Evangelio a la calle y fomentar el culto a través del acompañamiento de unas imágenes que no son otra cosa que catequésis plástica de la fe de todos los cristianos, de la fe de nuestra Iglesia. Imágenes bellisimas, antiquísimas y de incalculable valor muchas de ellas. Pero imágenes al servicio de la fe.

Pero aqui en Sevilla a veces, "eso es así" y como alguna vez he escuchado "las cofradias y hermandades son una cosa, y la Iglesia diocesana otra". Gracias a Dios no son mayoría, aunque tras este episodio otra cosa parezca.

España posee un patrimonio riquísmo de imaginería religiosa, pero carece de sentido si no está al servició de la oración y de la fe. Al servicio del Evangelio. Es por ello un Via Crucis así, que mezcla tradición cultural y fervor religioso de un país como el nuestro en un contexto tan universal como la JMJ.

La cuestión es que 14 imágenes de toda España participaran en dicho Via Crucis y Sevilla, siendo un referente de la Semana Santa española, se ha quedado fuera. De nuevo no quiero generalizar pero el lenguaje es traicionero. Discúlpenme.

Muchas hermanos mayores de diferentes Hermandades han entendido, apoyado y se han adherido a todas y cada una de las declarciones que monseñor Asenjo (dolido y con razón) ha hecho al respecto de tan "curioso" episodio. Su actuación ha sido ejemplar, dando una libertad a la Hermandad de la madrugá que tal vez pudiera haberse cuestionado, pues todas y cada una de ellas son asociaciones públicas de fieles insertas en la Iglesia, y sus cabildos no son entes todopoderosos, aunque de la sensación que juegan a veces a ello.

Mucho le queda a monseñor Asenjo por hacer en Sevilla, mucho le queda por aprender y mucho por soportar también.

Todos somos necesarios, pero nadie es imprescindibles y siete pasos del siglo XVII, XVIII y XIX y otros tantos del siglo XX procesionaran desde las iglesias que los acoja hasta su lugar de estacionamiento donde conformaran aquel camino que el nazareno recorrió hasta el calvario, donde fue crucificado para posteriormente ser sepultado. 14 estaciones de fe que recibiran culto de Benedicto XVI y de todos aquellos que quieran acompañar la pasión de Jesús por Madrid.

Será una estampa profundamente religiosa, a la española, pero en un contexto profundamente católico, universal.

No pienso perdermelo.



lunes, 17 de mayo de 2010

Un Papa como pocos imaginaban


Cuando el 19 de abril de 2005, Joseph Ratzinger saludaba desde el balcón de la Basílica de San Pedro, entonces ya como Benedicto XVI, muchos no entendieron el aleteo del espíritu. Y es que no son pocas las veces que la comprensión humana escapa de los designios de una Providencia que parece burlarse de los hombres, acostumbrados a pensar que nuestra perspectiva de la realidad es y debe ser la única y absoluta, y que fuera de ella todo es error y falta de sentido común. Pues no. El Espíritu bien sabia, aquel día y hoy, por donde llevar a la barca de la Iglesia.

Ese Papa mayor, de carisma limitado, profundamente teólogo y de gesto adusto esta sorprendiendo a muchos. La visita a Portugal de éstos días sigue estando marcado por la que será la gran cruz de su pontificado, la cruz de la pederastia, de los abusos a menores por parte de miembros ordenados de la Iglesia. Abusos que poco a poco van saliendo a la luz, salpicando medio mundo con historias desgarradoras y dolorosas, con víctimas durante años olvidadas y postergadas por una Iglesia que nada quiso escuchar y que predicaba dando la espalda a sus propios pecados. Pero poco a poco la cosa cambia.

La reinterpretación de la tercera revelación de la Virgen de Fátima que su santidad realizó poco antes de pisar suelo luso no ha sido una escaramuza, ni una estrategia de autocompasión. Esa sotana blanca manchada de sangre, dice Benedicto XVI, es algo más que un anuncio del trágico episodio que vivió el Papa polaco. Se refiere también a la oscuridad, a la ponzoña de la Iglesia. Las palabras del pasado martes eran de nuevo ejemplo de cómo el Santo Padre no tiene miedo a reconocer los pecados de nuestra Iglesia, de cargar con ellos en su espalda octogenaria y pedir perdón. Un perdón sin justificaciones, sin alardes, sin peros... un perdón que nace de la profunda experiencia de no sentirse a la altura y ser consciente del daño cometido.

Benedicto XVI no atenúa la responsabilidad, no habla de estadísticas ni intenta desviar la atención, no calla como muchos miembros de la jerarquía, ni acusa a los medios de disparatar, generalizar o mentir. Simplemente pide perdón. Y de nuevo, tal y como lleva haciendo en los últimos meses, vuelve a reconocer que “el perdón no sustituye a la justicia”. Los culpables han ofendido a Dios y entre Él y ellos queda. Pero mientras, el mal a los hombres tiene sus consecuencias, y deberán soportarlas, civil y canónicamente y es que “las cuestiones éticas y espirituales no son de dominio privado”.

Al que, desde algunos foros, empiezan a llamar el barrendero de Dios hay que reconocerle una enorme honestidad en este asunto. Su santidad está intentado purificar una Iglesia Santa y Salvadora, pues es obra del Padre, pero enormemente pecadora, en cuanto somos los hombres y mujeres de este mundo los que la integramos. Es ejemplo de la contundencia del pontífice la claridad y dureza de las últimas informaciones de la Santa Sede con respecto a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, a los que mucho camino de calvario les queda por vivir, y por los que mucho hay que pedir.

Yo sigo quedándome maravillado al ver como un hombre así, con los achaques propios de su vejez, no deja de llevar el testimonio de Cristo Resucitado al mundo, no deja resquicio al descanso terrenal, sufre y hace suya la cruz de toda la Iglesia y es consciente, sin titubeos, de que a él le ha tocado, al final de su vida, soportar ese peso. Si Dios no lo vela y lo acompaña sosteniéndolo a su lado, no podría ser así, estoy seguro de ello.

jueves, 4 de marzo de 2010

Cuando los asuntos temporales pueden más...

La ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo - la cotidianamente conocida como nueva ley del aborto - fue ayer publicada en el BOE tras haber sido sancionada por Su Majestad el Rey Juan Carlos I. Entrará en vigor el próximo día 5 de julio del presente año 2010.

Hace unos días, reflexionando con un amigo sobre la posibilidad y conveniencia de que el Rey se negase a sancionar la ley, llegué a la conclusión de que sería difícil ver a nuestro rey actuar como a Balduino de Bélgica, el cual abdicó durante 36 horas, siendo declarado por el Gobierno temporalmente incapaz, por no querer sancionar con su firma la ley que ampliaba los supuestos legales del aborto. Supongo que nuestro Rey se habrá dejado aconsejar, habrá charlado con su acompañante espiritual o algun religioso o religiosa acerca de su función como Jefe de Estado y de sus obligaciones como tal. Quiero pensar que ha sido una decisión meditada, orada y profundamente dolorosa para nuestro monarca...

Si bien es cierto que el otro dia mientras charlaba con mi amigo también llegué a la conclusión que poco pasaría si nuestro monarca no rubricase sobre tan peculiar ley. Recordando mis años de estudio de Derecho Constitucional recuerdo que los actos del Rey están exentos de responsabilidad, falta de responsabilidad compensada por la regla que imputa la responsabilidad de lo actuado a los sujetos que cooperan con su majestad. De esta forma recoge nuestra Carta Magna que "De los actos del Rey serán responsables las personas que lo refrenden" art. 62.4 CE. Me explicaban en la carrera que la sanción de una ley, que seguia un procedimiento ajustado a derecho, no era cuestión voluntaria para el Rey, sino algo obligatorio que suponia el culmen de un proceso de inspiración constitucional, si bien es cierto que tal acto es de obligatorio refrendo por el presidente del Gobierno en este caso. El refrendo hace referencia a la falta de responsabilidad del Rey, por ello se dice que todos los actos del Rey están refrendados por figuras constitucionales (el presidente del Congreso por ejemplo, refrenda al Rey a la hora de disolver las cortes cuando expira la legislatura o se nombra al presidente del Gobierno; éste a la hora de sancionar determinadas leyes o lo ministros si de lo que hablamos es de reglamentos).

Cierto es que una inacción del Rey no queda contemplada en la Constitución y que seguramente el problema hubiera quedado resuelto en un plano político, afectando al gobierno o abriendo el debate de la reforma constitucional. Lo que cabe preguntarse aqui es si es más importante la trascendencia y la coherencia interna de una persona o la institución temporal que representa.

¿Y si no hubiera hecho nada? pues probablemente la falta de actividad del Rey hubiera generado un intenso debate que, en el peor de los casos, hubiera desembocado en una reforma de las funciones de la Corona en el marco constitucional; la ley del aborto hubiera sido aprobada de igual manera a partir del refrendo correspondiente; y unos cuantos hubiesen encontrado ante la falta de docilidad del monarca, la excusa perfecta para enarbolar la tricolor republicana.

Aún asi, ¿y qué? el ejemplo el Rey hubiera alentado a millones de católicos y creyentes (y seguramente increyentes) de todas las religiones, se hubiera ganado el afecto y la simpatía de un sin fin de personas, españoles o no, que hubieran visto en su conducta un ejemplo de recta conciencia y coherencia personal, religiosa y politica, de la que hoy carecemos.

Cuando sir Tomas Moro esperaba en el cadálso el golpe del frio acero que le rebanó el cuello dijo a los allí congregados "muero siendo el buen siervo del rey, pero primero de Dios". Su negativa a aceptar el divorcio de Enrique VIII con Catalina de Aragón- fruto de la soberbia, el egoismo y la debilidad carnal del monarca inglés- le costó su puesto político y hasta su vida, pero tuvo a bien saber optar entre los asuntos temporales y su alma trascendental. Desde nuestra óptica actual esto parecerá una tontería, pero llama a reflexionar acerca de la coherencia de uno mismo.


A su vez, mientras acusaban de cometer pecado público a sus señorías, la Conferencia Episcopal Española, a través de su portavoz, ha querido eximir al Rey de su obligación como católico... supongo que por miedo. De esta forma, el altivo Martinez Camino no supo explicar ni dar razones fundadas del motivo por el que el monarca gozaba de la absolución eclesial, simplemente volvió a hacer gala de un discurso cerrado que a muchos empieza (y digo empieza porque antes rompiamos lanzas a su favor) a cansarnos.

Sé que éstas líneas pueden no ser acogidas con agrado desde mucho puentos de vista, y sé, o quiero creer, que para nuestro Rey no habrá sido una solución agradable y que a lo mejor le ha faltado un valor (que ni yo mismo sé si poseo) que caracterizó al obispo Fisher, Tomas Moro, Balduino de Bélgica y otros tantos nombres anónimos que han sabido vivir su fe con coherencia, viviendo conforme a los asuntos temporales de este mundo, pero teniendo siempre la vista puesta en un Dios Eterno, Señor de todas las cosas. Viviendo con la mente puesta en ese tesoro y sabiendo que "donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón" Lc 12, 34.

Durante estos días desde muchos foros se ha recogido, refiriéndose a este tema, la cita del Evangelio de San Lucas que dice: "A quien mucho se le dio mucho se le pedirá; a quien mucho se le confió mucho más se le exigirá" Lc 12, 48. Realmente no sé que pensar, solo me queda rezar por nuestro Rey y la institución que él representa. Confiando en la misericordia que también recoge el Evangelio. Lo que si que tengo muy claro es que el espítiru tiene motivos que la razón no entiende y que todos vivimos bajo el imperio de la ley que ordena nuestra convivencia social. Si bien es cierto, el respeto a la legalidad no esta reñido con esos momentos en los que determinadas personas, en honor a su cargo y responsabilidad, deben saber tener gestos (pienso en una nota de presan, un comunicado oficial...) que les ayuden a marcar distancias con las miserias de este mundo.

Gestos que cooperen a un bien más universal, pero para ello hace falta mucho valor.

martes, 9 de febrero de 2010

Tolerancia cero vaticana

Los casos de pederastia en el seno de instituciones católicas que desde hace meses han ido saliendo a la luz en Irlanda, EEUU, recientemente en Alemania y que salpican Chile y España, claman al cielo y reflejan la miseria, debilidad y crueldad de algunos ministros de nuestra Iglesia.

Hace un par de dias el Papa Benedicto XVI recogía en un discurso dirigido a los participantes de la reunión plenaria del Consejo Pontificio para la Familia - que analizaba los derechos de la infancia- una condena radical y absoluta de tales hechos.

“Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar“ (Mc 9, 42) Esta fue la cita del Evangelio con la que el Papa se refirió al caso, si bien sus palabras concretas fueron las siguientes:

"La Iglesia siempre ha promovido la tutela de la dignidad y de los derechos de los menores. Por desgracia, muchas veces, algunos de sus miembros, actuando en contra de ese compromiso han violado esos derechos, un comportamiento que la Iglesia jamás dejará de deplorar y de condenar (...) las duras palabras de Jesús contra quien escandaliza a los pequeños (Mc 9,42) obligan a todos a no bajar, nunca, el nivel de ese respeto y amor".


Realmente contudente. La dureza y la firmeza del Romano Pontífice, aunque dentro de lo que se esperaría en estas situaciones, es loable y muy valiente, pues la Santa Sede, su lenguaje y su diplomacia en las formas es muchas veces complicada y desconcertante para los que vivimos en su seno. Esta claridad es digna de agradecer y es que a la Iglesia, amén de predicar, le toca dar ejemplo en todos los sentidos. Y reconocerse santa, pues es el Espíritu de Dios el que la alienta y empuja, pero también pecadora, en tanto esta formada por hombres de a pie que no pocas veces viven alejados de dicho espíritu.

Ahora habrá que esperar a la carta que el Papa prometió a los fieles católicos irlandenses para dar respuesta clara a estas situaciones de años y años de pecado y humillación. Y ver, ya veremos cuando, qué sucederá con los legionarios y lo podrido que ocultaba su fundador Marciel Macia, por ellos toca rezar mucho pues no debe ser fácil el desierto que hoy viven.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Semilla que sigue dando fruto



Nunca imaginó Francisco Javier que el compartir habitación, en aquel París universitario de 1529, con aquel vasco ya adulto para las letras y arrastrado en su andar, acabaría cambiándole la vida de tal forma que la dedicaría, hasta agotarla, en servir a Dios predicando su Buena Nueva en rincones del Mundo cuya existencia seguramente desconocía.

El encuentro con Ignacio de Loyola y esa pregunta que poco a poco fue erosionando la coraza humana del joven navarro – “Francisco, ¿de qué te vale ganar todo el Mundo si con ello pierdes tu alma?”- acabaron por poner a Francisco en las manos de Dios, dejándose contagiar por el mensaje de su Evangelio y enamorándose perdidamente de él. Sin saber donde le llevaría, acompañó a Ignacio de Loyola en ese proyecto que el Señor fue poco a poco gestando en su camino, y junto a él y otros seis compañeros más, consagró su vida a Dios en el seno de una pequeña ilusión, de un pequeño “capricho” que acabó por convertirse en una orden religiosa clave para la historia de la Iglesia Católica y de la humanidad desde entonces: la Compañía de Jesús.

La providencia quiso que Francisco Javier se embarcara rumbo a las Indias en 1541, desafiando distancias que hoy nos parecerían largas, pero salvables con cierta normalidad, pero que en pleno siglo XVI suponían casi la renuncia a todo lo anteriormente vivido, amen de una prueba de vida que muchos no llegaban a superar.

A partir de ese momento su único enlace con sus compañeros europeos serán sus cartas, 137 misivas que retratan a un hombre cuyo celo apostólico asemejaba a un fuego interior que ardía en su pecho, queriendo compartir la experiencia del Dios vivo y misericordioso que le había inundado a él años antes. Su servicio al pie de los enfermos, sus catequesis en plena calle, su austeridad en el vivir, sus cientos de miles de kilómetros recorridos sin otro ánimo que dar a conocer a Dios configuraron su vida. Una vida cuyo eje fundamental podría resumirse en una frase que él mismo repetía incesantemente: “Señor, aquí estoy ¿qué quieres que yo haga? Envíame donde tú quieras.”

Finalmente, a los 46 años moría en una playa frente a las costas de China, que a pesar de intentar no puedo alcanzar. Fue canonizado por Gregorio en 1622, junto con su amigo y maestro, San Ignacio de Loyola y hoy, tres de diciembre, celebra la Iglesia su festividad.

Y también hoy mi oración sube al Cielo como acción de gracias, por todo. Por la vida y el ejemplo de todos aquellos que, estando o no, en los altares de la Iglesia, consumieron su vida al servicio de Dios y sus hermanos. Por esa “locura divina” que supuso la Compañía de Jesús, un proyecto de amigos en el Señor al servicio del Evangelio que, en el seno de la Iglesia, trabaja por la construcción del Reino de Dios en todas las realidades cotidianas que nos rodean. Y especialmente por S. Francisco Javier, ese gigante de la historia, que fue germen de la Fe que hoy profeso, y cuyo testimonio de entrega al servicio de Dios sigue dando fruto en todo aquel que al conocer su historia, sus renuncias, su conversión y su pasión por el Evangelio, se entusiasma con él. Se entusiasma con una vida en la que, sea cual sea y este donde este, vaya guiada por Dios, por ese Dios de la Vida que inspira un vivir donde siempre se busca en todo Amar y Servir.
Ad Maiorem Dei Gloriam