martes, 19 de octubre de 2010

La santa de la confianza y unas líneas de caridad

Cuando uno se deja tocar el corazón y experimentar sin miedo el profundo amor de Dios es imposible que quiera guardar bajo llave tal regalo, más bien al contrario, sentirá un enorme deseo de compartir con los demás tanto bien recibido. Si a eso unimos una sensibilidad diferente, peculiar y profunda para hablar de la experiencia de Dios y un arte en el manejo de la prosa tenemos a figuras como san Juan de la Cruz o santa Teresa de Jesús. Los que queremos a la Compañía en demasía hablamos de Ignacio de Loyola como otro de los místicos españoles, que es muy cierto, pero a veces con malas comparaciones ya que, sin duda alguna, la riqueza y la belleza de los textos de san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús no tienen comparación alguna con las líneas de fe que nos dejó el fundador de los jesuitas.

El viernes pasado, 15 de octubre la Iglesia Católica nos invitó a recordar la memoria de santa Teresa de Jesús, santa de la confianza, enamorada del Dios de la Vida, fundadora de la Orden del Carmen descalzo, mística española del siglo XVI, Doctora de la Iglesia, ejemplo de santidad y entrega de oración, figura del Siglo de Oro de la literatura española… muchas cosas podría escribir sobre la santa de Ávila, pero no es momento ni lugar. El que quiera saber algo de ella que bucee en sus biografías, pero el que quiera conocerla y disfrutar de la mística española que se sumerja en sus obras.


Tuve la suerte de que una persona me regalara sus obras hace no demasiado tiempo, toda una sorpresa, todo un regalo al igual que otros muchos que me dejó. He de confesar que no las he leído completamente, pero si que puedo decir que leer a santa Teresa de Jesús es hacer oración con cada frase que recoge en su poesía y su prosa. Sus líneas son, más allá de literatura, espiritualidad. Una forma diferente de relacionarse con Dios a través de la lectura. Un arte vamos. Pero poco más quiero escribir sobre ella, saboreen su obra que es lo propio.

De lo más conocido suyo, de lo más leído y orado es la poesía del “Nada te turbe, nada te espante”. Supongo que la sensibilidad de cada uno viene de la mano de los tiempos vitales que vamos viendo, quizás por ello esta oración me guste tanto. Una oración que me invita a confiar en Dios, a fiarme de Él, a escribir unas líneas refiriéndome a la confianza, a la seguridad de aquel que descansa en Dios y que se sabe protegido a la vera de un Padre que acompaña nuestro caminar. Aunque a veces no lo veamos, aunque a veces nos falte la fe para verlo. Esta poesía me da la tranquilidad y el sosiego de aquel que teniendo a Dios, aún en la tormenta, se lanza a la mar.

Me quedo con las primeras líneas de este poema.

Nada turbe,
Nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
Sólo Dios basta

La idea era terminar la entrada con las líneas de santa Teresa, pero a veces es mejor no pensar y seguir escribiendo.

Antes he mencionado a san Juan de la Cruz, otro que comparte mucho de lo que arriba dije de santa Teresa, y otro cuya fe supo plasmar en frases que dejan a uno ensimismado, frases cortas, sencillas, pero cargadas de Buena Nueva. Ensayando unas canciones el otro día conocí una de esas frases, “El alma que anda en amor ni cansa, ni se cansa”, hoy no toca hablar del místico que reposa en Úbeda, pero esta frase se ha convertido en una letanía que no dejo de repetirme a lo largo del día y que, sinceramente, me encanta. Supongo que porque me recuerda mucho al Himno a la caridad, al amor, que recoge san Pablo en su Primera carta a los Corintios (1 Cor 13, 1-13), hoy de tanto usarlo en bodas y celebraciones se ha oxidado y puede llegar a sonarnos cursi, pero para mi condensa un mensaje muy humano - el amor es paciente, es afable (…) no es orgulloso (…) no busca su interés, no apunta las ofensas (…) - que va de la mano de lo divino – (…) se alegra de la Verdad. Aguanta todo (…) no acaba nunca - , esas líneas me ayudan mucho a confiar en Dios, y a confiar también en las personas. Pero bueno, ya tocará escribir sobre esto, solo quería compartir esa frase de san Juan de la Cruz que me esta acompañando estos días. Tal vez, también a alguien te ayude para confiar en la gente, para fiarse del Himno que san Pablo nos dejó y para no tener miedo a ser alma que anda en amor.

jueves, 14 de octubre de 2010

Una manera diferente

Llevo ya casi ocho meses en Sevilla. Ocho meses cruzando el puente de San Telmo varias veces al día y disfrutando de un Guadalquivir en calma que se funde con el horizonte, aderezado en este tiempo otoñal con una fresca brisa que da muestras de que el tiempo va cambiando, y los calores infernales han pasado.

Detenerse en mitad del puente supone contemplar parte del encanto de Sevilla: ver erigirse imponente la Torre del Oro a orillas de un río que juega a colorearse cuando el sol comienza a ocultarse, acompañado, al final de la tarde, por marchas que recuerdan a Sevilla que la pasión de la Semana Santa permanece perenne en el espíritu de una ciudad de fe y tradición.

Aún solo esos paseos diarios sobre las aguas del Guadalquivir dan de por sí para cautivar y ensimismar a aquel que se detiene a gustar y sentir sin prisas, y más en mi caso, teniendo presente mi condición de isleño, pues un río para un canario es algo más imaginario que real.

Hace un par de semanas descubrí otra forma de mirar al río, más allá de cruzarlo a través de los puentes y contemplarlo acompañado de sonidos que evocan pasos, palios y olor a incienso.

La insistencia de una compañera de trabajo consiguió arrastrar al que suscribe y a dos compañeros más a apuntarnos a un curso de remo de dos semanas… toda una experiencia que en un principio se me planteo como simple distracción deportiva, pero que acabó por convertirse en una manera diferente, alternativa y original de relacionarme con el río que tantas veces he cruzado.

Remar no es fácil y menos cuando se debe combinar la fuerza de brazos con el impulso del tren inferior (pues el banco de la embarcación es móvil y debe uno tirar de brazos y propulsar con las piernas), a la vez mirar al frente pero moverse de espaldas sin tener seguridad absoluta de hacia dónde vas, todo ello a apenas diez cm del agua y con la obsesión de que las palas entren y salgan del agua de la manera correcta y sin soltarlas un momento si no quieres caer al agua. Ya digo, remar no es fácil y más cuando la única experiencia de remo que se tiene es la que uno se ha imaginado a partir del desembarco de los piratas protagonistas de la “La isla del tesoro” de Robert Louis Stevenson.

Dos semanas de remo han dado para mucho: para disfrutar e iniciarme en la práctica de este desconocido deporte olímpico, y también para frustrarme en mitad del río por apenas moverme o quedarme estancado entre algas y cañas minutos que se hacían interminables; también para ver caer algun desafortunado al agua y sentir miedo al ver, un día de viento, como la embarcación hacía lo que le venía en gana; ha sido un tiempo donde he podido conocer mejor a a mis compañeros de trabajo y compartir con ellos risas y charlas propias de inexpertos y torpes remeros; pero sobre todo ha sido tiempo para disfrutar del río…

Disfrutar del río a solas, deslizándome por su superficie apenas unos centímetros, acompañado de un silencio lleno de vida y de una luz que poco a poco iba apagándose teniendo la suerte de contemplar unos atardeceres diferentes y mágicos en mitad de un peculiar escenario: en mitad del río y rodeado de familias de patos que acostumbrados a los remeros casi rozan la pala. Momentos de concentración que se perdían en pensamientos que acababan por convertirse en oración y acción de gracias casi sin darme cuenta, y que apenas murmuraba por miedo a perder la instantánea que disfrutaba.

Realmente jamás pensé que dos semanas de remo me ayudasen a disfrutar así del río, a conocerlo y vivirlo como muchos sevillanos ni se han plantado, a relacionarme con él de una forma diferente en la que se mezcla deporte y naturaleza, esfuerzo y sosiego, miedo y confianza, silencio y mucha contemplación.

Para repetir sin dudarlo.

Gracias por tu insistencia Mar, antes compi de trabajo, hoy ademas amiga.

martes, 28 de septiembre de 2010

En Europa tenemos miedo...

Hace unos días, mientras atravesaba Andalucía en guagua empecé a caer en la cuenta. ¿Hacía dónde nos movemos...? ¿Qué esta pasando en Europa...? ¿A qué tenemos miedo...?Y es que, tras traer diferentes piezas, el puzzle que me salía no me gustaba demasiado.
Empecé a recordar cosas como...


La aprobación en el Parlamento Europeo de la que se llamó “Directiva de la vergüenza” en junio de 2008, la cual se materializó como un buldózer similar a aquellos que arrasaban poblados de negros en la Sudáfrica del apartheid, llevándose en este caso derechos y garantías de los inmigrantes irregulares en Europa.

Por otro lado, desde mediados de 2008 el paquete de medidas de seguridad ciudadana del Ejecutivo italiano ha supuesto la persecución y criminalización de los inmigrantes irregulares, especialmente de los gitanos romaníes. El escenario siguiente ha sido Francia: a lo largo de este verano el Gobierno de Sarkozy ha comenzado con deportaciones masivas con destino Bulgaria y Rumania; “expulsiones voluntarias” que han sido denunciadas por diferentes organismos internacionales y ONGs provocando un intenso y acalorado debate en el seno de la UE que a día de hoy no ha terminado

Sabemos también que estos días se prepara en Francia un Proyecto de Ley sobre inmigración que va en la dirección italiana: criminalizar al inmigrante, endurecer la reagrupación familiar y las condiciones para acceder al asilo. Algo de esto hay también en la reforma de la Ley de Extranjeria española aprobada a finales del pasado año, otra cosa es que nos queramos acordar.

También parece que lo hemos olvidado, pero hace apenas un año, el 29 de noviembre de 2009, Suiza aprobaba con un 57,5% de los votos la iniciativa de dos partidos de la ultraderecha nacionalista para incluir en la Constitución helvética la prohibición de erigir minaretes en las mezquitas del país. Apenas 4 de los 23 cantones suizos rechazaron la proposición.

Por otro lado, las elecciones del pasado domingo 21 en Suecia supusieron la entrada en el Parlamento sueco de la derecha xenófoba de los Demócratas Suecos. En los comicios generales de 2006 estuvieron por debajo del 3% quedándose fuera, hoy han obtenido el 5,7% lo que les asegura su entrada en el Parlamento y la situación de “grupo bisagra”, a pesar de la negativa de pacto con ellos de las formaciones mayoritarias.

Seguramente existan muchos más datos que cada día inundan los telediarios y los periódicos, pero que pasan inadvertidos entre una marea de información a veces excesiva en cantidad e inmediatez - pero carente de reflexión y mucha perspectiva - como para que nos sintamos interpelados.

En Europa hay miedo. Sin duda alguna. Se tiene miedo a lo desconocido, a lo extraño, a lo que viene de fuera. Un miedo real y patente pero, que me atrevo a decir, inducido. Inducido por unos medios frívolos y partidistas, muchas veces talibanes de la información, que sesgan, manipulan y ocultan una información que va creando una nebulosa de miedo que no quiero pensar a quien conviene. Unos medios que presentan la cara más negativa o peculiar de la minoría más grande de Europa como son los gitanos, generalizando y caricaturizando episodios que encasillan y dejan marca.

Medios que usan sin respeto ni control el término musulmán, Islam o árabe, sin apenas hacer distinción entre cultura, lengua o religión- dudo incluso que muchos periodistas sepan distinguirlos- ¿Qué diríamos si al hablar de ETA hablásemos de terrorismo vasco? ¿No sería un atentado contra todos aquellos vascos demócratas que han sufrido y sufren en sus carnes la sinrazón nacionalista? ¿ No estaríamos falseando la realidad? Lo mismo sucede cuando cotidianamente hablamos de terrorismo musulmán o islámico. El lenguaje es la más poderosa de las armas, pues va creando conciencias, prejuicios e ideas sin que apenas caigamos en ello. Acostumbrados a usarlos cotidianamente en nuestro lenguaje interiorizamos esos conceptos que, disimulandamente, nos van suponiendo ideas y con ellas, esos miedos y esas visiones apocalípticas que muchos pretenden vendernos.
Hablo de medios informativos porque creo que tiene una enorme responsabilidad moral, social y política. Pero no sería justo cargarles a ellos con todo el protagonismo de este drama, obviando a muchos políticos de gobierno y oposición a lo largo y ancho de Europa, empresarios, fanáticos religiosos, intransigentes ideológicos y muchísima gente de a pie, que prefiere la seguridad y la comodidad que supone la ignorancia en plena era de la información. Curioso.

Lo desconocido asusta, quizás si. Quizás en ocasiones tengamos motivo para ello, pero ¿cómo lo sabemos si dejamos que decidan por nosotros? Si no nos atrevemos a acercarnos al otro, a tenderle la mano, a escuchar su oración o su necesidad, no nos atrevemos ofrecer nuestro hombro ni mucho menos a enjugar sus lágrimas.

Intentar cada día no caer en esa trampa de miedo supone dar la cara, implicarse y atreverse a denunciar situaciones y actitudes anquilosadas que van consumiendo poco a poco a todo pueblo, toda comunidad, que no se abre, y que con pavor, rechaza lo ajeno, levantando anchos muros de incomprensión que aislan y matan.


Y ¿qué nos queda?

Benditos vosotros (…) porque fui extranjero y me acogisteis.

Eso mismo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Esclavo de esclavos

A veces la gente pasa por el mundo sin hacer mucho ruido. Luego, cuando echamos la vista atrás, reconocemos méritos, experiencias y vivencias de gente que, en su momento, apenas le echamos cuenta o bien la tuvimos por loca o excesivamente soñadora, ensimismada con y por una causa poco compartida y, tal vez entonces, poco reconocida.

Supongo que es la historia de muchos grandes hombres y mujeres que en su tiempo fueron visionarios, y se atrevieron a mirar con otros ojos, quitándose vendas de prejuicios y miedos preconcebidos por una sociedad, o un mundo, anclado en sus propias miserias. Pero que en su momento era lo ordinario y lo corriente. Esa valentía tachada entonces de locura, hoy es reconocida como un don, como una gracia, como signo de algo que no sabemos como llamar.


Estas líneas a modo de reflexión son, creo, una buena forma de presentar la vida del jesuita Pedro Claver. Hoy celebra la Iglesia la fiesta de su santidad, un título que él ni por asomo busco, pero que realmente merece por ser su vida ejemplo de entrega y servicio, ejemplo de lo que es dar sin esperar y de lo que supone amar hasta que duele. Por ser reflejo e imagen de lo que para los cristianos es Dios.



Claver tuvo la suerte de coincidir en Mallorca con el hermano Alonso Rodríguez, y según cuentan, fue éste el que le animó a cruzar el charco y marchar a América a principios del siglo XVII. Su destino fue la plaza fuerte de Cartagena de Indias -hoy parte de Colombia-, un puerto donde Claver optó por la entrega y el servicio hacía aquellos que más lo necesitaban. Así, en contra de la opinión de muchos notables del lugar y algunos de sus hermanos jesuitas vivió conforme a un sueño: todos somos iguales a los ojos de Dios, y como tal, todos debemos ser tratados con cariño, dignidad y respeto. Un enunciado simple que hoy, en pleno siglo XXI no hemos terminado de interiorizar.

Cartagena de Indias era por entonces un puerto negrero de efervescente actividad. Enormes barcos con sus bodegas repletas de negros atravesaban el Atlántico desde África, donde eran cazados como animales con el beneplácito de reyes y gobernadores. Eran tiempos que a los ojos de hoy son difíciles siquiera comprender, tiempos en los que mucho teólogos llegaban a afirmar incluso que los negros carecían de alma. Barbaridades que hoy escapan a nuestra razón, pero que supone una de las muchas sinrazones que salpican la historia de la Humanidad.


Esos grandes armazones llegaban con sus bodegas infectadas de muerte, desolación y enfermedad. Y ahí entraba Claver con su sotana y su manta, para dar de beber y de comer, acompañar a los moribundos y compartir con ellos la Buena Nueva. Tras meses de viaje, sin ventilación ni cuidado alguno, no es difícil imaginar cómo serian esas bodegas. Pero ni eso, ni el idioma, ni las trabas de patrones impedían que subiera a cada barco recién arribara a puerto.

No es menos cierto que hoy en día algo del buen hacer de Claver pueda chirriarnos. Pero de nuevo debemos mirar atrás con la perspectiva que la historia nos da. Claver era hijo de su tiempo y como tal buscaba la conversión o la salvación de almas, entendiendo el servicio a Dios y a la Iglesia conforme a mucho de lo que por entonces suponía ser sacerdote. Sin embargo supo desprenderse de muchas de las ataduras de una sociedad pretensiosa, hipócrita y corrupta, y mirar, verdaderamente, con entrañas de misericordia, poner su fe en obras e implicarse con una realidad sangrante como fue la esclavitud, hoy vergüenza del mundo. Nada resta mérito a una vida entregada por y para los demas, pues aún viviendo en su tiempo, supo convertir Cartagena de Indias en la cuna de los Derechos Humanos.

Esclavos, leprosos, reos de la santa inquisición... estos fueron sus compañeros de viaje en la vida que le tocó vivir. Compañeros que él mismo escogió y que también hoy muchos escogen. Nuestro mundo ha cambiado, pero el dolor y la necesidad de optar sigue ahí. Imagino que por ello, el Papa Wojtyla, en su encíclica "Sollicitudo rei socialis" - centrada en la preocupación social de la Iglesia con motivo del vigésimo aniversario de la Populorom Progressio - reconoció a Pedro Claver como testimonio y ejemplo de solidaridad para el mundo actual. Nada más cierto.


Y es que enfermos, huérfanos,ancianos, sin techo, inmigrantes, reclusos, prostitutas, refugiados... o El Salvador, Haití, Chad, Sudán o Ruanda son actores y escenarios necesitados de Claver, de gente que quiera devolver la dignidad a los hijos de Dios, que no titubee al escoger a sus compañeros de viaje, que mire, también hoy, el mundo con ojos de soñador y quiera, como Pedro Claver, firmar como "esclavo de esclavos".

martes, 31 de agosto de 2010

Otra vez no



Realmente no sé qué sucedió. No estaba allí para vivirlo y no recibí golpes para poder identifcar a aquellos que me los propinaban.

A pesar de todo algo me suena raro cuando el Ejecutivo español se contenta con las explicaciones de Rabat, resta importancia a las agresiones sufridas en el Aaiún por ciudadanos españoles favorables a la causa del pueblo saharaui y vuelve de nuevo a una postura de indefinción con respecto a la libertad, la independencia y el respeto de los derechos humanos en el Sáhara Occidental.

Dice Marruecos que las pancartas y las camisetas de los activistas españoles desató la "cólera legítima y espontánea de la población" y que ello provocó que simples ciudadanos de a pie se liasen a puñetazos y patadas con ellos. Que nada de policias de paisano, que nada de maltrato por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes y que todo culpa de unos radicales canarios que no buscaban otra cosa que provocar y atentar contra la integridad territorial del Reino de Marruecos.

Pues que quieren que diga, que ni idea. Que algunos activistas reconocieran en la comisaría como policias de paisano a alguno que horas antes participaba en la agresión es un dato. Que puede ser mentira o fruto del aturdimiento, es cierto. O no.

Lo que si es cierto es que el tema del Sáhara Occidental es un tema incómodo para el Reino Alahuí; que el férreo control con que Marruecos vela por el territorio, antes colonia española, ha sido denunciado por diferentes asociaciones y organizaciones internacionales, particulares y ONGs en muchísimas ocasiones; que el respeto de los derechos humanos es casi inexistente y que España mantiene, aún 45 años después, una enorme responsabilidad política, internacional y moral con respecto al conflicto. A pesar de que muchos no lo vean, o no quieran verlo.

España ha perdido, una vez más, la oportunidad de significarse con la causa del pueblo saharaui y de acompañar la postura de la comunidad internacional, manifestada a través de la ONU, que reconoce al territorio del Sáhara Occidental como uno de los 16 territorios no autónomos llamados a ser descolonizados.

Con este, y otros muchos gestos anteriores, el Gobierno olvida poco a poco la postura de apoyo al pueblo saharaui, que ha caracterizado a la sociedad española desde nuestra irresponsable huida. Con la “Marcha Verde” Rabat hizo marchar sobre el Sahara Occidental a unos 350.000 marroquíes, sin resistencia alguna del Gobierno y el Ejército español, poniendo fin a la colonización española en dicho territorio de un modo muy particular. Era 6 de noviembre de 1975, y vivíamos en España unas circunstancias políticas muy particulares, muy cerca ya la muerte de Franco. Bien supo Hassan II aprovecharse de ello.

Hoy no hay motivo alguno para volver a abandonar al antojo de Marruecos al pueblo saharaui. Otra vez no.

Es responsabilidad de la sociedad española tomar conciencia de ello y presionar a nuestros dirigentes para que adopten, sin titubeos, una postura que permita al pueblo saharaui decidir libremente sobre su futuro, sin miedos ni cortapisas. No queramos pasar a la historia como aquel prefecto romano que prefirió lavarse las manos a mojarse de verás.

sábado, 24 de julio de 2010

Algunas líneas desde Sudán I

Pedro Arrupe fue un visionario. Atento a las necesidades de un mundo cambiante, y comprometido con un Dios que nos invita a ser co-creadores en su obra de la creación, el entonces Padre General de la Compañía de Jesús, quiso ofrecer una respuesta al sufrimiento de los llamados “boat people” vietnamitas, que huían de la guerra de Vietnam y, empujados por la desesperación y el miedo buscaban un lugar seguro a bordo de un simple madero o una débil barcaza.

Este es el origen de lo que en 1980 se fundó como una obra de la Compañía de Jesús. El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS).De esta forma los jesuitas situaban su compromiso con una realidad sangrante que entonces comenzaba a aparecer, pero que pocos atendian: los refugiados por causa de la violencia.


A día de hoy el JRS está presente en 53 países y cuenta con un equipo de unos mil trabajadores (jesuitas, religiosos y religiosas de otras congregaciones y laicos) cuya misión es acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados. Dentro de sus actividades se incluye la asistencia directa en los campos de refugiados y centros de detención de inmigrantes, alimentación, asistencia médica, pastoral, psico-social así como la educación.
Actualmente los proyectos del JRS están destinados a unos 450.000 refugiados a lo largo y ancho de todo el planeta.

Esta breve introducción acerca del JRS busca situar un poco en contexto las líneas que más abajo comienzan. Y es que tengo la suerte de tener a un amigo jesuita trabajando un par de meses con el JRS en el país más grande de África, y uno de los más conflictivos del continente negro: Sudán.

Javi me ha permitido compartir con todos los que siguen el blog algunas líneas que él mismo escribe desde Sudán. Y a la vez que leemos su experiencia y disfrutamos de su testimonio, yo intentaré acompañar sus lineas comentando algunas situaciones que vive el imenso país africano(el drama de Darfur, la situación política y religiosa, la mezcla entre árabes, negro africanos, cristianos y musulmanes, la islamización del país, el próximo referéndum que tiene a la ONU en vilo…)

Pero eso será más delante de momento solo dar las gracias a Javi por sus líneas y las fotos que lo acompañan. Espero que lo disfruten tanto como yo.






Yei, 2 de Julio de 2010

Hola a todos,



supongo que la mayoría sabéis que estoy en Sudán, pasando dos meses trabajando con el JRS (servicio jesuita para refugiados).


Estoy en Yei, una ciudad al sur de Sudán, cerca de Uganda y Congo. Aquí el JRS trabaja con retornados, es decir, gente que huyó de su tierra cuando estaba la guerra y comenzaron a volver cuando la guerra terminó. La guerra era interna, entre el norte, que es de población árabe y musulmana, y el sur, que son negros y cristianos. Por lo visto son muy diferentes, y los árabes históricamente trataron muy mal a la gente del sur. Por eso estuvieron más de 20 años en guerra. El acuerdo de paz determinó que el próximo enero habrá un referéndum para ver si el sur se quiere independizar. Todo el mundo cree que saldrá que sí, pero el problema es que el sur tiene muchos recursos (madera, agricultura, agua, y sobre todo petróleo) y hay cierto temor a que el norte, que a su vez está apoyado por otros países como Egipto, no acepte los resultados y pueda comenzar otro conflicto.

Perdonad esta introducción histórica, pero así creo que se entiende un poco lo que hace el JRS, que básicamente es apoyar en la educación. Después de más de veinte años de guerra, el sistema educativo podéis imaginar como está. Apenas hay maestros preparados, los edificios de los colegios son muy pobres, no hay material... El JRS apoya las escuelas estatales reconstruyendo edificios, formando a los profesores, dando becas a gente que no puede pagar las tasas... Realmente hacen un trabajo estupendo.
Aquí yo vivo con un jesuita de Estados Unidos que se llama Kevin, una chica alemana llamada Nina y Elías, un keniata que es el contable. Hay muy buen ambiente en la casa y estar con ellos me ayuda a entender cómo son las cosas aquí. Empezamos el día con la misa a las 7.30 que celebra Kevin. Viene un grupo de gente que vive cerca. Es una misa muy sencilla pero muy bonita. Luego empieza el trabajo. Yo de momento estoy saliendo a visitar a los colegios a los que el JRS apoya. Realmente son muy pobres. Los que mejor están tienen un par de edificios para las clases. El JRS mejora las instalaciones, forma a los profesores, busca material escolar...

Las condiciones de vida aquí son muy pobres. La mayoría de los hombres trabaja en el campo y las mujeres se encargan de buscar agua, cocinar, cuidar a los niños... Las calles y las carreteras no están asfaltadas, hay poca actividad económica... pero la gente está muy esperanza con que después del referéndum pueda mejorar la situación. Aquí la tierra es muy fértil y la gente es muy trabajadora. Sin duda el trabajo del JRS es clave porque mejorando la educación es como pueden mejorar la situación, pues la mayoría de la gente es analfabeta.

Mañana salgo con Kevin y se nos une otro jesuita alemán para dar un taller de formación sobre espiritualidad ignaciana y sobre los jesuitas a los trabajadores del JRS de diferentes proyectos por el Sur de Sudán. Así podré viajar y conocer otros proyectos del JRS, lo cual es una suerte porque viajar por aquí no es fácil (las carreteras son muy malas). Así estaremos de "gira" casi dos semanas.




Escribiré más adelante contando más cosas.


Besos y abrazos para todos.