jueves, 29 de septiembre de 2011

Rabí, tú eres Hijo de Dios (Jn 1, 47-51)

Muchas veces lo esencial es invisible a los ojos se dice en la obra de El Principito, y siento que mucho de eso hay en el tema de la fe. Hace unas semanas mientras paseaba pude escuchar la conversación que dos hermanos de apenas 4 y 6 años mantenían a la vera de sus padres, justo enfrente de la puerta de una iglesia. El pequeño preguntaba a la mayor “Y entonces, ahora mismo, ¿dónde está el Señor?” Y esta, como si de una pregunta absurda se tratase respondía como obvio “pues ahí dentro” mientras señalaba con nervio la puerta de la Iglesia. El pequeño, sorprendido por la respuesta, mientras lanzaba un espontáneo beso con la mano gritó, “anda,¡adiós Señor!”. Esta escena y los gestos de estos niños me han venido a la cabeza mientras leía la lectura de S. Lucas de hoy. La ingenuidad, la inocencia y la sencillez de ambos niños hicieron que, dentro de su edad y su pequeñez, hicieran una manifestación espontánea y cariñosa de fe. Una fe que apenas esta naciendo, pero con una sencillez, una libertad y una confianza que muchos cristianos necesitaríamos para nuestra vida. La confianza en su hermano mayor hizo que el pequeño quisiese despedirse de un Dios que habitaba en la Iglesia, sin más preguntas, sin de momento necesitar más.

¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Esta es la pregunta que Jesús hace a Natanael en la lectura del Evangelio de hoy, después de que este reconociese a Jesús como Hijo de Dios. Simplemente por hablarle directamente. Quizás necesitamos de esa confianza que Natanael puso en Jesús, hasta el punto de reconocerlo con tan solo oírlo. Quizás solo necesitamos estar un poco más atentos y apreciar en lo cotidiano la presencia de Dios. Un Dios que está en lo normal en lo cotidiano, y al que un niño es capaz de reconocer fiándose únicamente de su hermano. Tal vez lo que nos falte es esa facilidad de confiar, esa sencillez para acoger y ser capaces de decir Maestro, tú eres el Hijo de Dios.

Pasen buen día y muchas felicidades a los que celebren su fiesta por S. Miguel, S. Rafael y S. Gabriel.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Y tenia ganas de verlo (Lc 9, 7-9)

Ayer hizo un mes desde que el Papa Benedicto XVI abandonara Madrid, tras presidir la Jornada Mundial de la Juventud, ese encuentro que congregó a cerca de 2 millones de jóvenes católicos de todo el mundo. Mucho se ha escrito, para bien y para mal, de esos días de fiesta, juventud, multiculturalidad y fe. Mucha gente reflexionó de forma crítica con el Evangelio en la mano; otra mucha ha dado gracias y confía en los frutos espirituales y religiosos que saldrán de esos días, amén de ello, algunos voceros cuyas plumas se han ensañado con burla e incluso maldad, de lo vivido durante esos días. Sea como fuere, la JMJ no dejó a nadie indiferente. Y es que, los jóvenes que allí se congregaron lo hicieron llamados por el Santo Padre, pero en torno al encuentro con el Dios de Jesús. El Dios de la Vida que impulsó, de la mano del Espíritu Santo, lo vivido aquellos días. Quizás algunos con una fe más superficial o no, quizás muchos con una efusividad hacia el Papa que rozaba la idolatría o no, quizás muchos simplemente en búsqueda, quizás muchos sin un hábito constante de oración... pero de todo eso se sirve Dios para tocar el corazón de la gente.

¿Quién es este del que oigo semejantes cosas? se pregunta Herodes en el Evangelio de hoy. Ya entonces Jesús daba que hablar, y ese Dios al que llamaba Padre cautivaba a muchos a la vez que sonaba irreverente y atrevido, y ese Reino por el que Jesús apostaba y al que quería que sus amigos dedicasen su vida, ese Reino, ya levantaba pasiones a la vez que crítica.

El paso de Dios viene siempre cargado de incertidumbre, de preguntas, de dudas, pero sobre todo de búsqueda. Sin duda alguna aquellos días en Madrid, dieron y darán qué hablar, de nuevo para bien y para mal. Pero muchos, muchísimos serán los que se pregunten al igual que Herodes, que quién es ese del que oigo estas cosas, quién ese que mueve a tanta juventud y no juventud (en Madrid pero también a diario en todo el mundo); quién es ese que 2000 años después sigue siendo anhelo, sueño y proyecto de tanta gente; quién es ese que enamora hasta el punto de que entreguemos nuestra vida desde nuestra vocación particular en la Iglesia y el mundo.

Y con un poco de suerte, a la pregunta inicial le seguirá la búsqueda, y si uno se va dejando acompañar y se atreve a poner el corazón en juego acabará con queriendo algo parecido a esa frase con que termina hoy el Evangelio:

Y tenía ganas de verlo.

lunes, 19 de septiembre de 2011

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Saliendo a los Caminos MAGIS - JMJ 2011

Hace unos días un amigo jesuita me pedía que escribiera unas líneas acerca de lo vivido estas últimas semanas a través de la experiencia MAGIS y mi posterior participación en la JMJ. Hace pocos días hizo ya una semana del fin de esas jornadas que concluyeron con la eucaristía en el aeródromo de Cuatro Vientos, una semana desde que el Santo Padre abandonara Madrid y los cerca de dos millones de jóvenes que nos congregamos en torno a nuestra fe, animados por aquel anciano de más de ochenta años, nos dispersáramos a lo largo y ancho del planeta con una experiencia de encuentro, de oración, de juventud y diversidad, única y diferente para cada uno de los peregrinos. Una semana ya y aún apenas soy capaz de expresar por escrito lo vivido.

Tras casi un año y medio organizando estos días, ilusionado con la propuesta, expectante por una JMJ que nunca antes había vivido, salí desde Sevilla junto con unos 80 jóvenes más rumbo al epicentro geográfico y espiritual de la Compañía de Jesús, Loyola. Un pequeñísimo enclave en mitad del valle de Azpeitia, Guipúzcoa, dónde el Señor se valió de la convalecencia que postró a Iñigo de Loyola durante meses en una cama para trabajar su corazón, su espíritu y su voluntad, esa que finalmente se rindió al sueño de Dios, y que queda gráficamente plasmada en la capilla de la conversión, “Aquí se entregó a Dios, Iñigo de Loyola”.

Pues allá que fuimos, y allá que llegamos tras casi 12 horas atravesando España. En un ambiente de fiesta y con ganas de encontrarnos con todo aquello que más o menos intuíamos que se estaba montando alrededor de la basílica de Loyola. Pero aquello nos sobrecogió mucho más de lo que esperábamos, sorprendiéndonos de verdad. Alrededor de 3.000 jóvenes vinculados a la espiritualidad ignaciana de una cincuentena de países de todo el planeta se paseaban por aquel valle guipuzcoano, luciendo una estética común de mochilas y sudaderas, sonrientes, alegres, portando banderas que muchas veces era casi imposible averiguar a qué nación correspondían. Un mosaico de colores y lenguas bellísimo que nos dio idea de lo universal que era todo aquello que en las próximas semanas íbamos a vivir.

Fueron tres días de preparación a las experiencias que nos enviarían “al corazón del mundo” tal y como diría posteriormente el padre General, Adolfo Nicolás, en la eucaristía de envío que celebramos aquel domingo. Una celebración que fue síntesis de lo vivido aquellos días. Concelebrada por cerca de 180 sacerdotes jesuitas fue el envío en un contexto realmente católico, universal, marcado por la diversidad y la pluralidad de una Iglesia joven, que vive y se apasiona en torno al mensaje de Jesús. Días de convivencia, de fiesta, días donde cientos de jóvenes bailaron, se arrodillaron en adoración frente al santísimo expuesto en la basílica casi perenne, días de risas, de guitarra y banderas, de comidas con horario europeo y alguna que otra llovizna, días de encuentro cultural y religioso. “Con Cristo en el Corazón del Mundo” ese fue el lema de Magis que llevábamos mucho tiempo viendo escrito en carteles y merchandaising, y de esta forma, con un mensaje que nos recordaba la encarnación de un Dios implicado con la humanidad, salimos a los caminos ese lunes. Una semana justo antes de que dieran comienzo las Jornadas Mundiales de la Juventud en Madrid.

Las experiencias MAGIS nos tuvieron dispersos por toda España, Portugal y parte del Norte de África. Un total de 99 experiencias que disfrutamos en grupos de unas 25 personas más los organizadores. Grupos formados por tres nacionalidades que invitaban al diálogo, al encuentro y al esfuerzo por hacerse entender. Con este panorama nos convertimos en peregrinos que vivirían durante una semana experiencias de trasfondo social, ecológico, de arte y creatividad de peregrinación y de espiritualidad. Aunque no sería justo no recalcar que todas ellas estaban cargadas de un contenido de espiritualidad y oración que las vinculaba estrechamente entre si. De tal modo que a lo largo del día, cinco momentos eran compartidos en todas las experiencias, de la actividad que fuese y enmarcada en el contexto geográfico que fuese: la oración de la mañana, la experiencia concreta de cada actividad, el circulo MAGIS, la eucaristía y el examen del día.

Todo ello acompañado por un material común, el Libro Magis, que contenía un lema y una petición diría, las lecturas para cada día, un pequeño extracto de alguna carta o escrito autobiográfico de S. Ignacio, y una pequeña reflexión; oraciones y canciones para acompañar la experiencia y la liturgia, y todo ello en varios idiomas, dejando de manifiesto esa pluralidad de asamblea comunitaria que nos reuníamos en torno a la fe del Dios de la Vida. Como Iglesia diversa y enorme que rezaba unida pero expresando su fe en diferentes lenguas. Signo de comunión del Pueblo de Dios.

El Circulo Magis merece unas líneas. Pues era el momento de recoger en grupo (en ocasiones por nacionalidad otras veces mixtos, según la coordinación de la experiencia que se tratase) el poso del día. Con una estructura fijada, y “liderado” por un animador, el Circulo Magis era la síntesis de todo lo que íbamos viviendo. Canalizado en un pequeño grupo con el que compartir el paso del Señor por la vida de cada uno, así como las dificultades y las dichas que se iban viviendo cada día. Un momento de abrirse y compartir, respetando, orando, escuchando, interpelando y dejándose interpelar. Otro momento de comunión que, para mí, estaba estrechamente unido a la celebración de la eucaristía, como manifestación comunitaria de una misma fe, como acción de gracias expresada desde lo profundo de cada uno al final del día.
Y de esta forma, tras una semana de experiencia con lituanos, croatas, libaneses, indios, irlandeses, coreanos, keniatas, estadounidenses, argentinos, franceses, chinos, portugueses, tanzanos o albaneses entre otros muchos más, volvemos a salir a los caminos para encontrarnos en el Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, en Madrid, para participar de las llamadas Jornadas Mundiales de la Juventud, en torno a su santidad, el Papa Benedicto XVI, pero convocados por alguien que nos trasciende, que nos enamora y nos reúne a celebrar como católicos. Convocados por el Dios de Jesús de Nazareth y su mensaje de esperanza, amor y salvación.
Así, ya con casi diez días de actividad a nuestras espaldas nos encontramos la calurosa tarde del 15 de agosto, cargados de vivencias, nuevas amistades, momentos de oración y encuentros empapados de una rica diversidad cultural. Fue momento de reencuentros, de abrazos entre los conocidos, de muchas cosas que querer contar y compartir y apenas saber por dónde empezar, momento de sentir que habías vivido una experiencia única, inmejorable, la mejor de todas. Pero a medida que ibas hablando te ibas dando cuenta que a todos nos sucedía lo mismo. Y es que el Señor sabía que debía regalar a cada uno, y de esta forma, todos teníamos la necesidad de dar gracias “por tanto bien recibido”.
Y quizás con ese sentimiento de encuentro y profundo agradecimiento nos reunimos de nuevo. 3.000 jóvenes en un patio, bajo un sol de justicia en la fiesta de la Asunción de María. Y en torno a María, a ese primer “sí” generoso, sincero y autentico, celebramos la eucaristía presidida por el Provincial de España. Paco Pepe nos regalo una homilía hermosísima en la que unió ese Magis Ignaciano que da nombre a nuestra experiencia y el evangelio de la visitación, lleno de abundante alegría entre María y su prima Isabel: “queridos peregrinos: ahí tenéis vuestro MAGIS. El Magis consiste en transmitir la alegría de María, la nuestra, cuyo auténtico nombre es Cristo, y pronunciarlo en el mismísimo corazón del mundo. El mundo os está esperando para llenarse de esa alegría".
De esta forma concluía Magis como experiencia de convivencia, encuentro y oración, pero comenzaban para nosotros y cientos de miles de jóvenes más, las Jornadas Mundiales de la Juventud de Madrid 2011.
Esos días me sorprendieron, pues por mucho que uno oía cifras es difícil imaginar a cientos de miles de jóvenes de todo el planeta congregados en una misma ciudad, con un horizonte de fe común y con alegría, muchísima alegría.
La oferta en Madrid era impresionante. Decenas de actividades, oraciones, musicales, proyecciones, talleres, charlas y exposiciones que te obligaban a organizarte y tener tejido un plan “b” por si el metro, los atascos o la puntualidad frustraban el original.
Me es difícil recoger todo lo que hice esos días: desde un par de catequesis durante la mañana con Amigo Vallejo, Arzobispo emérito de Sevilla, o Novell, obispo de Solsona y el más joven del episcopado español, pasando por una chulísima exposición acerca de la vida de la Madre Teresa de Calcuta, su opción, sus dudas… todo ello acompañado por un ir y venir de misioneras de la Caridad que compartían con los allí presentes su testimonio; una charla con Kike Figaredo, prefecto apostólico de Battanbang, y su testimonio de trabajo en Camboya luchando contra las minas anti persona y apostando por niños y niñas víctimas de las mismas; un recorrido por la situación de aquellos cristianos perseguidos por su fe en China, India, Cuba, Irak, Egipto…; un concierto oración con el cantautor chileno Cristóbal Fones sj con el que muchas veces he orado en formato mp3 y ahora puede escuchar en directo; paseos por el Retiro recorriendo la Feria de las Vocaciones, charlando con Legionarios de Cristo, Capuchinos, seminaristas, Jesuitas, Heraldos del Evangelio, Nazarenas, Esclavas, Salesianas, Combonianos… y decenas de carismas de los ni había escuchado hablar; rezar frente a la tumba de s. José María Rubio justo antes de disfrutar de la exposición acerca de las Reducciones jesuíticas y la apuesta de la Compañía de Jesús por la dignidad de los indígenas; Exposiciones del santísimos en el Retiro, oraciones con los Hermanos de la comunidad de Taizé, proyecciones de películas, el macro festival de Vida Consagrada organizado por la CONFER… muchísimas actividades que te obligaban a optar y que al final del día recomendabas y compartías en el colegio. En este pequeño resumen se aprecia la diversidad de carismas, de sensibilidades que representan a la pluralidad de la Iglesia, viva y joven que se reunió en Madrid. Una Iglesia cuyo referente católico, en el sentido universal, cobro un especial sentido para mí esos días de encuentro.
A partir del jueves se producía la llegada del Santo Padre, figura que nos convocaba a estas jornadas de fe y fiesta, pero siempre con el horizonte que como Vicario de Cristo, el Papa nos llama pero nos reúne la fe, el mensaje de un Dios que siente pasión por cada uno de nosotros, hasta el punto de llamarnos a cada uno por nuestro nombre como nos recuerda el profeta Isaías. A partir de ese día las actividades de las jornadas se interrumpían en momentos claves para que todos los que quisiésemos pudiéramos asistir a los actos en torno a Benedicto XVI.
Como momentos fuertes de encuentro con el santo Padre destaco tres. Dos ellos por su contexto y su protagonismo en las Jornadas, y uno de ellos por su intensa carga de oración que me sobrecogió. Este último fue el Viacrucis celebrado el viernes. Con unas meditaciones preparadas por las Hermanitas de la Cruz, diferentes grupos de jóvenes unidos a circunstancias de especial dolor en sus vidas (persecuciones, enfermedad, adicciones…) cargaban la cruz de los jóvenes, esa que Juan Pablo II nos regaló para que recorrieran el mundo haciéndonos caer en la cuenta de la esperanza que hay tras ella, cruz que acogimos en la Iglesia de Portaceli hace unos meses, y sobre la que pude rezar y descansar todo aquel dolor que por entonces me inundaba. El procesionar de la cruz, frente a las diferentes estaciones representadas por pasos y tronos traídos desde toda España, manifestaba un camino al Calvario que destacaba por una solemnidad y una belleza cuyas meditaciones lo hacían especialmente cercano a la realidad del mundo. Fue una manifestación del lema que llevaba semanas orando, cantando y meditando “Con Cristo en el corazón del mundo” un mundo muchas veces sufriente, roto, dolido, frente al que nos toca optar, y tal y como nos recordaba el Padre General en Loyola, la opción por Jesús es la opción por los que sufren, por los desheredados de este mundo, es la opción auténtica del cristiano, la que nos une, nos diferencia y nos salva. Esa opción, esos sufrientes fueron los protagonistas de un viacrucis que disfrute en mitad del Paseo de la Castellana, en medio de un silencio sobrecogedor y acompañado de buenos amigos y un grupo de jóvenes chilenas con las que compartí padrenuestros y avemarías.
Quizás el viacrucis hubiera sido suficiente para mí. Y eso pensé cuando me vi la tarde siguiente en Cuatro Vientos, preparándome para la Vigilia, pero en un contexto que me hacía cuestionarme muchas cosas. La situación en los campos de refugiados que pueblan el continente africano no tendrá ni punto de comparación a esto, pero las aglomeraciones, el sofocante calor y la ausencia de sombra, el polvo y la marcha de millón y medio de peregrinos que deambulaban en busca de agua, comida y se desmayaban sin aviso previo, hizo que aquella tarde reflexionara mucho junto a un amigo sobre esos campos dónde la vida se detiene y no es cuestión de una tarde y una noche, sino es cuestión de semanas, meses y años, luchando por sobrevivir, hostigados y esperando alimentos y ayudas que muchas veces no llega. Lo pasé realmente mal aquella tarde. Mis pensamientos y mi asma me tenían pillado. Quizás por ello agradecí aquel “torrente de agua viva” que se derramó sobre nosotros la noche del sábado. Y mientras mis padres y mis abuelos desde casa, asistían temerosos a las imágenes de una tormenta que descargó con fuerza agua, viento y relámpagos sobre aquella marea humana de colores reunidos frente al Papa, yo agradecía la lluvia.

Que el Papa aguantara junto a nosotros la tormenta fue todo un regalo. Puede parecer absurdo, pero a sus 84 años, las cosas son más difíciles y a pesar de estar medio a cubierto se ve claramente como el alba le chorreaba en los bajos. Aquel rato compartido que el Papa definió posteriormente como aventura, tuvo su momento más emocionante con la adoración. Millón y medio de voces callaron, y la mayoría se arrodillaron para adorar al Señor en la custodia, en un momento de oración breve pero especialmente intenso, que concluyó con el canto de adoración “cantemos al amor de los amores” que tanto han cantado nuestros abuelos y padres y que aquella noche entonamos los jóvenes en Cuatro Vientos. Una enorme representación del mundo, de su juventud, de su diversidad, acompañaba y se postraba con cariño y entrega al Dios de la Vida presente en el santísimo sacramento expuesto.

Con todo esto en el corazón, y el cariño del Papa de esa noche, deseándonos un buen descansar, esperándonos ver mañana “si Dios quiere”, me quede dormido, con la algarabía de muchos que acompañaban la noche con cantos y guitarras, y la oración y el rezo de otros que buscaban las capillas que había aguantado la tormenta para seguir acompañando al Señor.

Quizás por la intensidad del viacrucis del viernes y la aventura y la adoración del sábado, el domingo, la eucaristía no destaca especialmente en mi memoria. El cansancio, el sol, el no poder comulgar, la dispersión fueron claves para que la celebración me costase. Disfrute de la homilía, de ese mensaje de pertenencia a una Iglesia, a una comunidad, pertenencia necesaria para vivir y compartir la fe. Me quedo con sus palabras al comenzar la misa, que nos sacaron una sonrisa y nos prepararon para la eucaristía: “Queridos jóvenes he pensado mucho en vosotros en estas horas que no nos hemos visto. Espero que hayáis podido dormir un poco a pesar de las inclemencias del tiempo". Esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez; y no sólo los ojos, sino también el corazón. Eso os habrá permitido rezar. Dios saca bienes de todo; con esta confianza, y sabiendo que el Señor nunca nos abandona, comenzamos la celebración eucarística llenos de entusiasmo y firmes en la fe", nos dijo. También con su bendición final, con el rezo del ángelus que tanto me gusta y con su envío a que compartamos nuestra alegría y nuestra fe al retornar a casa. Y así nos toco regresar.

Tal vez son demasiadas líneas, escritas casi de corrido, pero ni por asomo recogen todas las sensaciones, vivencias e historias que viví desde el 5 agosto hasta el 22. Han sido días de salir a los caminos, de peregrinar, de conocer gente, de reír, disfrutar, echar de menos rostros y voces, de crecer, llorar y sanar, de soñar y rezar, de optar y seguir. Días de conocer un poco mejor y más en profundidad mi fe, la Iglesia enorme, rica, viva, joven y plural en que la quiero estar y de la que me siento parte. Días para dar gracias, por tanto, tanto compartido. Días que me han hecho seguir queriendo estar con Cristo en el corazón del mundo, de nuestro mundo, intentando ser coherente, enrraizado en la persona de Cristo, edificando en Él y manteniéndome, a pesar de mis limitaciones y fragilidades, firme en una fe que me llena, que me da VIDA con mayúsculas y a la que siento como un regalo, como una gracia que solo puedo agradecer.

“Con Cristo en el corazón del Mundo”

“Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”


Sergio

martes, 30 de agosto de 2011

El general de los jesuitas, con MAGIS en Loyola

(Publicado en Religión Digital - 08/08/2011)

Frente a la Basílica de S. Ignacio de Loyola, cerca de 3000 jóvenes de unas 50 nacionalidades diferentes hemos celebrado una eucaristía de envío para mañana salir rumbo a nuestras experiencias MAGIS, repartidas por toda España, Portugal y el Norte de África.

El P. Adolfo Nicolás, General de los Jesuitas, presidió la celebración concelebrada por unos 180 jesuitas de todos los rincones del mundo. Ello, unido a los miles de jóvenes que allí nos encontrábamos y a las decenas de vecinos de la localidad de Azpeitia que nos acompañaban, han hecho de este pequeño y hermoso valle, una pequeño mundo, dónde diferentes lenguas, nacionalidades, culturas, rasgos... se hacían presentes en comunión con una misma fe. La que nos une, la que nos convoca y la que nos apasiona. De nuevo el sentido de católico, de universal vuelve a cobrar fuerza en un contexto de diversidad y pluralidad.

En todo momento la liturgia ha contado con el apoyo del coro magis, que entonaba letras en inglés, latín, francés, portugués, español, italiano... de nuevo diversidad, de nuevo comunión, de nuevo un mismo mensaje.

Durante su homilía el Prepósito General de la Compañía de Jesús se ha mostrado cercano, fresco, directo...en un lenguaje claro ha repasado las lecturas y el Evangelio de hoy recordándonos como "Dios esta en la paz y en la brisa refrescante de la tarde". No hemos encontrado a Dios en el miedo, ni en grandes discursos pronunciados por lideres políticos, ni siquiera por sacerdotes, nos recordaba el padre General "Nosotros conocemos nuestra propia historia y s. Ignacio quiere hacernos sensibles a esa brisa que nos refresca. "El Señor no habla en los grandes ruidos, aunque a veces sean necesarios" Nos recordó como Dios se muestra lejos del ruido, y como en la música Dios se hace presente, en la música y en su diversidad, esa que hoy recogemos todos los jóvenes reunidos hoy en esta plaza, frente a esta Basílica.

La segunda lectura de este domingo es realmente dramática. En ella S. Pablo reconoce que por amor sus pueblo, a sus hermanos sería capaz de convertirse en proscrito de la fe que profesa, pero Dios es más fuerte. Esta lectura, ha dicho el General, hace referencia a esa segunda fase de la experiencia MAGIS, el momento de encuentro , de salir a los caminos, el momento de solidaridad con la realidad que nos rodea, de compartir aquellos con los que nos cruzamos. "El grado de comunión es tan alto que necesitamos ese compartir con el otro. Sentirnos uno como ellos".

"Pablo no es un indignado de la Puerta del Sol"
es mucho más nos ha recordado el P. Adolfo Nicolás. "Es un enamorado de su pueblo, se indigna, sí, pero construye, se alegra, crea y confía"

De la mano del Evangelio de hoy, de la falta de fe de Pedro, de un pasaje tan familiar para todos, ya que nos muestra la realidad de nuestra vida. Una vida que es remar muchas veces en la noche, en medio de la tormenta.

"El miedo es punto clave de las lecturas de hoy. Es muy familiar, hay muchas personas que hoy nos venden miedo, incluso para conseguir votos. Es tiempo para poner nuestra fe a prueba, y también el valor de nuestra esperanza(...) Si lo que nos preocupa es nuestro propio éxito acabaremos hundiéndonos, si nuestro corazón lo ponemos en Cristo, es decir, en los que sufren, en los pobres, caminaremos sobre las aguas sin ningún tipo de miedo".

De nuevo hablamos de opciones, de elegir, de libertad. De optar entre mi propia seguridad, mi yo o bien entre los demás, entre los que más lo necesitan. "Esa es la gran diferencia entre tener o tener fe, entre seguir o no a Jesús"

En todo momento el Padre General ha ido compartiendo estas ideas en castellano, inglés y euskera para concluir con un deseo, con una plegaria que ha elevado en medio de un silencio de acogida y oración: "Que la JMJ aumente nuestra preocupación por aquellos que sufren, no unicamente por nosotros"

Por la tarde, ante los medios de comunicación, el Padre General ha resaltado el papel de los jóvenes ante los retos de este mundo globalizado: "Los jóvenes son los que pueden cambiar nuestro mundo", pero necesitan prepararse para "responder a preguntas que ni nos imaginamos". "A medida que aumenta la información disminuye la capacidad de reflexionar".

La juventud "recibe pocos horizontes y mucha propaganda que les dice donde gastar su dinero", sin embargo "es importante saber que están buscando algo más". El P. General les a animar a un "sentir profundo". "Que los jóvenes sientan, que no vivan a merced de este sentimiento superficial que se vende", se trata de "ir a lo profundo del corazón". Según el Padre General, "eso se da en el encuentro, por eso MAGIS 2011 es bueno porque pone a los jóvenes en contacto con personas de otras culturas". Para aproximarse al prójimo, ha subrayado la importancia de la solidaridad, "en un mundo multicultural como el nuestro nos va a salvar la capacidad para sentir con el prójimo, de lo contrario quedaremos a merced de intereses particulares, luchas personales o tribales y vamos a perder la oportunidad de encontrarnos quizás por primera vez en la historia con una humanidad en toda su plenitud". Después, ha tenido un encuentro con 60 jóvenes, con representación de todos los países presentes en MAGIS. Ha sido un espacio de intercambio cordial y enriquecedor. A lo largo de la tarde, ha habido talleres y dinámicas de animación para seguir promoviendo la participación y reflexión de los jóvenes presentes.

Ayer por la noche, tuvo lugar la Feria de las Culturas, un espacio artístico y lúdico en el que diversos países presentaron un baile o canción de su país. Países como Indonesia, Kenia, Australia, México, España o Albania mostraron la fuerza, pasión y capacidad de expresión en esta experiencia festiva y multicultural.

Loyola, encuentro, acogida, oración... MAGIS

(Publicado en Religión Digital - 07/08/2011)
Resulta difícil poder compartir en pocas líneas todo lo que he ido viviendo desde que ayer, tras casi 14 horas de autobús, puse los pies en Loyola.

La primera impresión la causó la cantidad de autobuses que iban llegando mientras los voluntarios organizaban nuestra llegada y nos iban mandando a colegios y polideportivos de la zona: jóvenes de Camboya, Polonia, India, Kenia, Canadá... Mientras marchábamos a nuestro lugar de hospedaje e inscripción veíamos un montón de grupos reunidos con sus respectivas banderas o sus camisetas propias que nos saludaban con una mezcla de nerviosismo e ilusión. La misma que la nuestra. Que supongo nace de encontrarnos de golpe en una especie de aldea mundial. Pues Azpeitia y concretamente Loyola es durante estos días muestra de la diversidad y la pluralidad del mundo.

Otra de las cosas que mejor poso me dejan mientras escribo estas líneas, es la acogida por parte de los vecinos de Azpeitia, volcados con los más de 2.700 jóvenes que estos días inundamos su rutina. Orientándonos, recibiéndonos con sonrisas y bromas, y manifestando la alegría de ver a tanta juventud en torno a una misma fe, en torno a un mismo proyecto, y en su casa.

La noche de ayer concluyó con una acogida donde cabe destacar la representación de un grupo de jóvenes portugueses, acerca de una de las batallas más importantes que s. Ignacio de Loyola libró en estas tierras, aún convaleciente tras la bombarda que le destrozó la pierna en la defensa de la ciudad de Pamplona. La batalla que él propiamente recogió después en su meditación sobre las Dos Banderas de sus Ejercicios Espirituales. Una puesta escena bellísima, cuidada hasta el detalle y con juegos de luces, fuego y danzas que me hizo comprender mejor ese mensaje que el Papa Benedicto repite a menudo, y es que Dios es belleza y por tanto el arte que sale de la mano del hombre es ejercicio de transmisión y transparencia de Dios. Ayer esa meditación de las Dos Banderas que representa la opción de Cristo y del Maligno fue una representación de la opción por la VIDA escrita en mayúsculas que arrastró a Ignacio a una vida de entrega, y que hoy hace posible que estemos tantos "jóvenes jesuitas" preparando esa JMJ que celebraremos juntos con cientos de miles más, en torno a su santidad y convocados por el mismo Espíritu que arrastró a aquel vasco a su camino de santidad.

La oración de anoche y la de esta mañana han sido signo de universalidad, dando sentido al término católico - universal- que tantas veces no terminamos de interiorizar. El Señor nos convoca, nos sale al encuentro y con Él oramos y a Él escuchamos en mitad de la explanada a los pies de la Basílica de Loyola. Da igual que solo entendamos la oración en español y que la lengua polaca o de algún país africano nos sea desconocida. Oramos en comunidad al mismo Dios, al Dios de la Vida que sabe cómo mejor hablarnos: directo al corazón.

En todo momento las lecturas y los salmos han estado acompañadas por un coro de voluntarios que lleva desde hace semanas trabajando para acompañar una liturgia y una puesta en escena supercuidada.

Esta mañana la oración ha sido introducida por Monseñor Jose Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián. Monseñor Munilla ha comenzado evocando a S. Ignacio y considerando este "santo lugar como un tesoro diocesano". "San Ignacio oró en este lugar, teniendo este bello paisaje como retablo de su oración". Monseñor Munilla recordó como Ignacio oraba en varias lenguas- español, vasco, latín , francés e italiano- mientras Dios habla en lenguaje único, un lenguaje directo con un mucha facilidad de conexión, el lenguaje del amor. " No habéis venido solo mirar sino a observar y tener experiencias. No solo a escuchar, sino a oír su Palabra. Serán por tanto días de búsqueda dónde descubriremos que Dios nos busca antes de que tan siquiera nosotros hayamos pensado en Él".

Terminó invocando la advocación mariana que tanto acompañó a Ignacio durante su vida en estas tierras: " Que Santa María de Olatz os de un corazón abierto, sediento y hambriento de la voluntad de Dios manifestada en Jesucristo".

Tuve la suerte de poder saludarlo personalmente. Bromeamos acerca del tiempo, un tiempo estupendo que nos acompaña con un cielo abierto y unas temperaturas que hoy me han hecho dudar de si estoy en mitad del País Vasco o sigo en Sevilla. A la pregunta de qué espera usted de los jóvenes, Monseñor Munilla se sonrió y me respondió: "simplemente que sepan escuchar y cumplir con sinceridad la voluntad de Dios". Mientras se marchaba acompañado del General de los Jesuitas, el Padre Provincial de España y el el Provincial de Loyola no dejó de saludar a gente y tuvo en todo momento tiempo para fotos.

Durante el resto del día hemos disfrutado de diferentes actividades de la feria MAGIS: talleres de manualidades, gymkana, actividades deportivas, charlas, oraciones,... todo ello entre momentos de encuentro, de charlas animadas y divertidas, de momentos de compartir sin hablar el mismo idioma, pero compartiendo algo mucho más grande.

La tarde ha tenido como protagonista la celebración en torno a la eucarístia reunidos por lenguas, y ahora, con el tiempo ya más propio del lugar donde nos encontramos, pasamos a disfrutar del festival de las culturas, con intervenciones representativas de las decenas de nacionalidades que aqui nos encontramos.

Me gustaría poder recoger lo que voy viviendo con más sosiego y detalle, pero los medios y los tiempos son los que son.

Hasta mañana, desde Loyola y con mucha lluvia.